La verdadera Sinodalidad empieza en la CRUZ [Retiro Sana Sinodalidad, 07 de 10]
Fray Nelson presenta un trípode de la espiritualidad: asombro, arrepentimiento y confianza, explicando que juntos permiten un crecimiento espiritual equilibrado y evitan caer en la desesperación o el orgullo. El asombro lleva a descubrir la grandeza de Dios; el arrepentimiento revela la propia pequeñez y necesidad; ambos muestran que todo lo que somos y tenemos es un don inmerecido, despertando humildad, gratitud, alegría y compasión. La confianza es el elemento que completa el proceso: impide que el asombro se convierta en temor y que el arrepentimiento desemboque en desesperación, sosteniendo la vida espiritual. La cruz de Cristo reúne perfectamente estos tres elementos: asombro ante su amor infinito, arrepentimiento por la gravedad del pecado y confianza por el abajamiento de Cristo, que se hizo cercano al ser humano. La vida contemplativa es descrita como una espiral ascendente: cuanto más se conoce la santidad de Dios, más se reconoce el pecado propio; y cuanto más se contempla el pecado, más se admira la misericordia divina. El mayor enemigo del crecimiento espiritual es el estancamiento, que conduce a la acedia, entendida como la pérdida del gusto por las cosas de Dios y el progresivo desinterés por la vida espiritual. Cuando una persona deja de crecer en Dios, suele buscar crecimiento en aspectos secundarios como el dinero, la fama, los títulos, la popularidad o el reconocimiento, olvidando que el verdadero progreso es el espiritual. Fray Nelson destaca tres dones del Espíritu Santo fundamentales para avanzar en esa espiral de crecimiento: - Piedad: experimentar profundamente la filiación divina y amar con libertad. - Ciencia: descubrir la acción de Dios en la naturaleza, la historia y la propia vida. - Sabiduría: gustar de las cosas de Dios y adquirir libertad frente a los atractivos del mundo. El don de piedad hace que el creyente viva como verdadero hijo de Dios, amando intensamente a los demás sin depender afectivamente de ellos ni mendigar su a