La Cruz, defensa de la verdad de la Iglesia y de la Sinodalidad [Retiro Sana Sinodalidad, 08 de 10]

La Cruz, defensa de la verdad de la Iglesia y de la Sinodalidad [Retiro Sana Sinodalidad, 08 de 10]

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fraynelson (Fray Nelson Medina) fraynelson (Fray Nelson Medina)

La cruz es el centro del conocimiento de Cristo. No se puede conocer verdaderamente a Jesucristo sin entrar en el misterio de la cruz, porque allí se revela plenamente su relación con el Padre, el sentido de su misión y el contenido más profundo de su amor. Cristo es el nuevo Adán. Así como Adán apareció desnudo al inicio de la creación, Cristo, despojado en la cruz, inaugura la nueva creación mediante su entrega total y redentora. La Iglesia nace de la cruz. Del costado abierto de Cristo brotan la sangre y el agua, signos de la Eucaristía y el Bautismo. Por ello, toda auténtica renovación, reforma o unidad de la Iglesia solo puede surgir desde la cruz. Los "ídolos" nacen cuando se absolutiza un bien parcial. Una liturgia determinada, una corriente teológica, una espiritualidad o una experiencia personal pueden ser buenas, pero se convierten en ídolos cuando se presentan como el único camino válido para toda la Iglesia. La cruz preserva la unidad eclesial. Frente a las polarizaciones (liturgia tradicional vs. carismática, distintas escuelas teológicas, etc.), el verdadero punto de encuentro no son los gustos personales sino el misterio de la cruz. Las diversas experiencias espirituales pueden ser auténticas. Tanto quien encuentra a Dios en el silencio del gregoriano como quien lo descubre en un retiro carismático pueden vivir una experiencia verdadera; ninguna debe imponerse como la única legítima. El discernimiento corresponde a los pastores de la Iglesia. No todo vale en la vida eclesial. Existen límites doctrinales y litúrgicos que deben ser discernidos por los obispos y demás pastores, aunque este discernimiento también requiere conversión y fidelidad. La cruz es irrenunciable para todo cristiano. Los estilos pastorales, idiomas litúrgicos o sensibilidades pueden variar, pero la necesidad de cargar la propia cruz nunca puede negociarse. La "justificación" significa recuperar el orden de Dios. San Pablo entiende la justificación no como una simple explica