Conclusión: Lo Mejor y lo Peor de la Sinodalidad [Retiro Sana Sinodalidad, 10 de 10]
Definición positiva de sinodalidad: La sinodalidad auténtica se basa en tres pilares fundamentales: escucha, humildad y corresponsabilidad. Advertencia sobre su mal uso: La peor versión de la sinodalidad es entenderla como una democracia eclesial, donde la mayoría impone su criterio y se cae en la mundanidad. No se limita a grandes eventos: La sinodalidad no consiste principalmente en asambleas, congresos o encuentros masivos. Es una dimensión que debe vivirse todos los días, igual que la misión, la vida carismática o la eucaristía. Peligro de la expectativa exagerada (hype): Sobredimensionar los eventos sinodales genera desconfianza y miedo a cambios radicales en la Iglesia, además de recargar innecesariamente a los sacerdotes. Comienza desde lo pequeño: La verdadera sinodalidad es como un grano de mostaza: nace en el hogar, en el corazón y en la comunidad pequeña, no en decretos ni reuniones vaticanas. Punto de partida: el reconocimiento de la propia nada: Todo es don y gracia de Dios. Ser consciente de que todo lo hemos recibido es el cimiento de la actitud sinodal. Identidad del creyente: Quien descubre que todo es don se sabe: amado, perdonado, convocado y enviado. Eso es ser Iglesia; no inflar el propio "yo" con títulos o experiencia. Frutos de esta conciencia: Cultivar gratitud, alegría, alabanza a Dios y una mirada compasiva y tierna hacia el prójimo. Comprensión ante la dificultad del camino: Reconocer que ser santo, vivir la vocación (sacerdote, religioso, laico, padre o madre) es difícil. Esto lleva a la ternura y a no juzgar duramente a quien lucha. Ternura como clave pastoral: Inspirada en el Papa Francisco (Dios no tiene asco, y la ternura es sanadora). Es una ternura teologal, fundada en Dios, no en simpatías humanas. Huir de la dureza y la rigidez: Ser implacable o intolerante no ayuda a nadie; solo amarga a uno mismo y hace la vida difícil a los demás. No se negocia con el pecado, pero sí se comprende al pecador. Humildad intelectual: Ace